El 23 de mayo de 2010 para muchos fue el final de una época. Una de las series más famosas de la historia de la televisión, Lost ponía el broche de oro a sus seis temporadas y seis años de intrigas. Una gran producción acabó, pero en ese momento pocos pudieron vaticinar lo que las series nos depararían en la siguiente década. Ni tampoco lo supo ver la industria cinematográfica.

Mientras Disney estrenaba en 2011 una de las películas más caras de la historia, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, cuya producción costó 379 millones de dólares, la palabra Netflix era cada vez más utilizada. La plataforma, pese a haber sido fundada en 1997 por Reed Hastings, no lanzó su servicio de streaming hasta 2010. Y no fue hasta 2013 que se estrenó el primer capítulo de una de las series más conocidas de la empresa estadounidense. Francis Underwood, personaje interpretado por un Kevin Spacey que todavía no había caído en desgracia, llevó los entramadas políticos de la Casa Blanca a los hogares de todo el mundo con House of Cards. Un primer proyecto en el que todos empezamos a experimentar con ese nuevo formato de consumo televisivo y cinematográfico, la del cine bajo demanda. Lo demás, es historia.

Netflix

Y a Netflix se unieron otros como HBO, Amazon Prime… Y, en 2020, Disney+. La democratización de este tipo de servicios ha sacudido a la industria del cine en la década de 2010. Los cambios son tantos que no están exentas las opiniones de expertos y críticos que afirman que las salas de cine podrían estar en peligro de extinción en los próximos 10 o 20 años. Pero, antes de empezar con las hipótesis sobre lo que podría recurrir, hagamos un repaso a los momentos claves de la década en la que el cine ha sufrido una gran sacudida pero en la que también hemos sido de una revolución imparable que marcará el futuro de la industria y la televisión.

Grandes logros… pero no a gusto a todos

El boom de las series en las plataformas de streaming han sido uno de los hechos más significativos en estos años, pero lo que realmente le ha hecho daño a las productoras cinematográficas es que las plataformas se metieron en su terreno. Y lo supieron hacer muy bien. Actualmente, muchas personas critican que las empresas de contenido bajo demanda (SVOD, por sus siglas en inglés) priorizan la cantidad a la calidad y estrenan prácticamente cada semana una nueva película. Pero es innegable que, más allá de que estas afirmaciones sean o no verdad, Netflix y Amazon han estado detrás de algunas de las mejores películas de la década.

Netflix.

Empecemos por Roma. Una película de Netflix dirigida por Alfonso Cuarón y grabada en blanco y negro que le valió el Oscar a Mejor Director y Mejor Película Extranjera por la historia de Cleo, una empleada del hogar en la mítica colonia Roma de la Ciudad de México. Y, en la próxima gala de los Oscar, Netflix podría volver a ganar una estatuilla por The Irishman, el esperado regreso de Martin Scorsese con el trío ganador: Robert de Niro, Al Pacino y Joe Pesci.

Y Amazon está detrás de otros logros cinematográficos como Manchester frente al mar, con la que Casey Affleck ganó el Oscar a Mejor Actor y la maravillosa Guerra Fría. Grandes producciones con muy buena crítica pero que provocaron grandes debates con los detractores de las plataformas de streaming.

Dicen que no es lo mismo una película que se estrena en Netflix, por ejemplo, a una que está en una sala de cine. Al pan, pan y al vino, vino. Y mucho menos pueden competir en premios internacionales como los Oscar. En la lista de los que piensan así está Steven Spielberg, Pedro Almodóvar… Los grandes. Y también festivales como el de Cannes o los Oscar, que obliga a las películas producidas por plataformas de streaming a que la película esté antes en los cines. Si no, no pueden participar. Después de mucho pensárselo, finalmente accedieron y The Irishman, por ejemplo, puede verse en la plataforma de Netflix o en el cine, para los románticos.

Las SVOD han demostrado que como productoras pueden llevar a las pantallas, tanto las grandes como las pequeñas, grandes películas. Sin embargo, en lo que respecta a las series, ese es su caballo ganador.

Un ‘boom’ imparable

Recordábamos al principio House of Cards, ganadora de varios Emmy y una de las series de política mejor valoradas junto a otras como The Wire. En el caso de Netflix, sus éxitos siguieron con Orange Is The New Black y, de allí, pasaron de una cárcel de mujeres al palacio de Buckingham en Londres en The Crown para narrar la historia de cómo la reina Isabel II llegó al trono. Una serie ganadora de varios premios Emmy por la interpretación de Claire Foy como una joven monarca y, en la tercera temporada, la maravillosa Olivia Colman como una reina de mediana edad.

Y, mientras tanto, otras series llegaron pisando fuerte, como Narcos, que cuenta la historia del narcotraficante Pablo Escobar y la ya mítica Stranger Things. La producción de ciencia ficción dirigida por los hermanos Buffer ha sido una de las fórmulas perfectas de esta plataforma que cuenta con el componente “vintage” que tanto ha estado de moda en los últimos años y de la que todavía no hemos acabado de desprendernos. Pantalones altos, música ochentera y walkmans se entrelazan con una historia al más puro estilo The Goonies. Y esos walkmans volvieron a ser utilizados para 13 Reasons Why, sin duda una de las series más polémicas de Netflix por tratar temas tan controvertidos como el suicidio adolescente y la violación sexual.

Y solamente estamos hablando de series de habla inglesa. Además de fenómenos como la alemana Dark, este “boom” también ha llegado con fuerza a España, donde Netflix ha redoblado sus apuestas por las producciones propias. La primera fue Las chicas del cable con Blanca Suárez y que estrenará este febrero su quinta temporada. Además, este año se han estrenado otras producciones como Alta Mar y Días de Navidad.

Y esta lista es solo de Netflix. Otras plataformas como HBO se han posicionado con series como Watchmen y The Leftlovers. Y, además, cuenta con una de las joyas de la corona: Juego de tronos. La serie, convertida en un fenómeno mundial y basada en las novelas de George R.R. Martin, nos llevó hasta las triquiñuelas del poder en Poniente durante 8 temporadas.

Y, mientras tanto, Amazon Prime Video también ha marcado la diferencia con series reconocidas por público y crítica como The Marvelous Mrs. Maisel y Big Little Lies, con Nicole Kidman y Reese Whiterspoon.

La lista podría seguir y seguir. Y casi de manera interminable, sobre todo si tenemos en cuenta que en 2018 se emitieron 495 series, solo en Estados Unidos. Por ello no es una sorpresa que estas producciones estén en el centro de casi todas las conversaciones. Sin duda, ha supuesto un golpe para la industria cinematográfica. Y a los datos no remitimos.

Una gran piedra en el camino

Los domingos de cine y palomitas hace mucho tiempo que no son un plan indispensable. Por ejemplo, en Estados Unidos y Canadá, el número de entradas compradas en 2017 fue de 1.24 mil millones de dólares, la cifra más baja desde 1992, informó Bloomberg.

En el caso específico de España, los datos tampoco son alentadores. El informe “Las salas de cine. Datos y cifras” de la federación española de exhibidores cinematográficos (FECE) arrojó que el país ha perdido 622 salas de cine en una década, un centenar de ellas en 2018. Además, el año pasado la afluencia de espectadores se redujo un 9.3% en 10 años y pasó de 107.8 millones en 2008 a 97.7 millones en 2018, que se traduce en 2,2 entradas por habitante. Pero solo el 9.9% acude una vez a la semana a los cines.

Plataformas Número de clientes
Movistar+ 2.2 millones
Netflix 2.05 millones
Vodafone 951.000
OrangeTV 741.000
Amazon Prime Video 656.000
HBO 475.000
Rakuten 147.000
Sky 114.000
Total 7.334 millones

El mismo estudio añadió, no obstante, que la relación entre el cine y las plataformas de contenido bajo demanda no tienen porque estar en conflicto. En España, 7.334.000 de personas tienen una suscripción a este tipo de plataformas y el estudio destacó que aquellos que acuden con mayor frecuencia al cine, son los que más horas de SVOD consumen. Pero el 70% de estas personas añadieron que el contenido más reciente o que el actualmente están viendo son series. Y ese es uno de los golpes más fuertes para la industria del cine y que va mucho más allá de los números.

La influencia de las series es difícil de medir, pero hay datos que nos dan pistas. Uno de ellos fue el estreno de la séptima temporada de Juego de Tronos, la madrugada del 16 al 17 de julio. La esperada llegada de los nuevos capítulos revolucionó las redes sociales y solo durante la noche del estreno se registraron un total de 38.110 tuits relacionados, 769 noticias en prensa e internet y más de 330 millones de impactos de audiencia.

Por otro lado, las plataformas de streaming también han sido las responsables de que la forma de consumir las series haya cambiado. Antes, esperábamos ese día de la semana en el que se retransmitía un nuevo capítulo de nuestra serie favorita. Ahora, en cambio, se han popularizado las maratones en las que nos tragamos una temporada en un solo día.

Además, el negocio se ha diversificado. A pesar de que Netflix y Amazon ya se han posicionado como productoras de series y películas, no dejan de ser plataformas tecnológicas las que han acabado metiendo la cabeza en una industria que en otras décadas no tenía prácticamente relación.

Hemos visto que los resultados han sido muy buenas, aunque también hay que tener en cuenta que, para el cine, no todo han sido malas noticias.

La década de Disney

En los próximos años, los historiadores de cine seguramente recordarán esta década como la de oro para Disney. Sobre todo, porque ha conseguido que millones de personas vuelvan a sentarse en las butacas para ver las mismas historias que vimos hace años. La de Aladdín, la de Dumbo, el Libro de la Selva… pero como remake en vivo. Con El Rey León, apostó por un live motion de sus clásicos dibujos animados.

Por otro lado, Pixar también ha conseguido grandes logros por su cuenta con la segunda, tercera y cuarta parte de Toy Story, la secuela de Frozen o la Los Increíbles.

Aunque ese no fue su golpe maestro. Además de los remakes, que han dado relativamente buen resultado en taquilla, Disney se apropió de los derechos de propiedad intelectual de otras compañías, principalmente las franquicias de Star Wars y Marvel.

Estas adquisiciones han posicionado a Disney como uno de los reyes de la taquilla aunque no exentos de una gran inversión. Las tres películas de la tetralogía de Marvel Age of Ultron, Infinity War y Endgame costaron entre 316 y 365 millones de dólares cada una. Pueden parecer cifras estratosféricas, pero nada que ver con las de los ingresos: 2.790.200.000 de dólares de ingresos mundiales. Solo dos películas más han superado los 2.000 millones de dólares en la taquilla mundial: Star Wars: El despertar de la Fuerza, con 2.068.223.624, y Infinity War, con 2.048.359.754.

La jugada de Disney ha sido especialmente maestra si tenemos en cuenta que, en esta década, los superhéroes han dominado el mundo. Lo que empezaba con Iron Man, la primera película del Universo Cinematográfico de Marvel ha llegado hasta la cima con 19 películas, algunas de ellas dentro de la lista de las más taquilleras de la historia.

La década de triunfo de Disney, sin embargo, podría ir llegar hasta después de 2020. El año pasado, la empresa adquirió 20th Century Fox y, este año, estrenará su servicio de streaming. Una oferta más de SVOD que será una gran competencia para las que actualmente dominan el mercado pero que, sin duda también es un símbolo del cambio revolucionario en la industria del cine.

‘The Future Is Female’

Alex J. Berliner/BEI/REX/Shutterstock (5123272r)

Empezó por Twitter y fue imparable. El hashtag #MeToo corrió como la pólvora y, en pocos días, muchísimas actrices denunciaron a través de las redes sociales los abusos y acoso sexuales que sufrieron dentro de la industria. En el centro de todas las miradas estaba uno de los productores más influyentes de Hollywood: Harvey Weinstein.

Del #MeToo se pasó al Time’s Up para declarar que esos tiempos en los que los comportamientos inapropiados y los acosos quedaban impunes quedaron atrás. Pero no solo sirvió para detener la violencia sexual, sino para mostrar la disparidad salarial y la baja representación femenina en la industria. Dos años después del inicio del movimiento, los estudios y festivales de cine prometieron fomentar el equilibrar la balanza y Weinstein sigue intentando llegar a un acuerdo con sus muchas víctimas, aunque en el mundo del cine le queda poco por hacer. Las cosas pueden estar empezando a cambiar, pero como bien dice el dicho, las cosas de palacio, van despacio.

Sin embargo, esta no ha sido la única polémica que ha sacudido Hollywood. En 2015, la gala de los Oscar estuvo marcada por unas nominaciones en las que prácticamente ningún afroamericana estaba nominada. O sea, unos Oscar dirigidos por blancos y en los que participan blancos. Con la campaña #OscarsSoWhite, el racismo se convirtió en el tema central de esa época. Desde entonces, se ha demostrado que las películas protagonizadas o dirigidas por caucásicos han triunfado en taquilla. Creed, Black Panther y Spider-Man: Un nuevo universo fueron muy buenos ejemplos, así como la maravillosa Moonlight ganadora del Oscar a Mejor Película. Asimismo, el racismo fue el tema central de producciones como Django Desencadenado, 12 años de esclavitud, Selma y Green Book.

Moonlight

En esta década, la industria del cine ha tenido que hacer borrón y cuenta nueva en muchas más aspectos de los que seguramente les gustaría admitir. Hace años que tuvieron que salir de su zona de confort, pero en estos últimos años los retos han sido mayores. Las formas de consumo son otras, los suscriptores de servicios de streaming crecen cada día y el número de espectadores en la salas de cines disminuye cada año.

Pero, por ahora, están aguantando. Sobre todo porque han empezado a darse cuenta de que más vale aliarse con el enemigo, motivar que sus películas sean nominadas en festivales de cine y hasta intentar formar parte del negocio con un servicio de streaming, como el caso de Disney.

El cine es uno de esos sectores en los que el futuro es una incógnita. Mientras unos vaticinan el fin de las salas de cine, otros apuntan a los cambios en la industria. Lo que está claro es que en esta década se afianzó esta revolución imparable. Y para lo bueno y para lo malo, no hay marcha atrás.