La seguridad en los viajes durante la nueva pandemia de coronavirus es un problema enorme, especialmente para volar, que los fabricantes de aviones, las aerolíneas y los funcionarios de salud buscan abordar.
Airbus, Boeing y los transportistas están buscando nuevas formas de reducir el riesgo de transmisión de COVID-19 a bordo de sus aviones y aumentar la seguridad de los pasajeros.
Si bien las nuevas medidas podrían hacer que volar sea más seguro que nunca, podría no ser suficiente para eliminar el riesgo de transmisión.

El nuevo coronavirus ha paralizado la economía mundial de una manera que no se había visto desde la Gran Depresión. Hay planes en marcha para comenzar la recuperación. Se habla de nuevos controles de estímulo en los EE. UU., Europa está financiando su propio “Plan Mariscal” para la región de la UE, y China se está preparando para el peor de los casos. El principal problema con cualquier plan para impulsar la economía es que el virus no se ha ido a ninguna parte. Los expertos advierten que una segunda ola puede ser inminente. Esto podría dificultar la reapertura de los planes, ya que algunas personas podrían no estar listas para “volver a la normalidad”. Eso incluye la capacidad o la voluntad de viajar, y de todos los modos de transporte, volar es lo que más preocupará a las personas.

La buena noticia es que Airbus y Boeing ya están buscando formas de aumentar la seguridad de los pasajeros y la tripulación que abordan sus aviones. Y las aerolíneas están haciendo todo tipo de nuevas reglas que deberían mejorar aún más la seguridad y reducir los riesgos de transmisión. Al final, el nuevo coronavirus podría hacer que volar sea más seguro que nunca. Pero, en última instancia, eso podría no ser suficiente para mantener a los pasajeros a salvo del virus.

Airbus y Boeing están investigando nuevas formas de reducir el riesgo de que el COVID-19 se propague dentro de la cabina, informa The Wall Street Journal, y aseguran a los pasajeros que no corren el riesgo de infectarse en el vuelo.

Boeing está desarrollando modelos de computadora que simulan el entorno de la cabina, señala el informe, para que los funcionarios puedan diseñar nuevos protocolos para reducir el riesgo. Airbus está trabajando con universidades en los EE. UU. Y otros países para limitar la propagación. La compañía está buscando desinfectantes que pueden durar cinco días y dispositivos sin contacto en los baños, entre otras cosas.

La FAA también ha estado trabajando con Airbus, Boeing y los CDC para comprender los riesgos de los volantes y cómo mitigarlos. El informe señala que la FAA ha patrocinado investigaciones sobre cómo medir y reducir la introducción de vapores de combustible y aceite en la cabina durante años, pero eso no se aplica a patógenos como el virus.

Los funcionarios de la aerolínea han intentado asegurar a los viajeros que el aire dentro de la cabina fluye de tal manera que la propagación del virus es limitada. Eso es gracias a los filtros HEPA avanzados que pueden evitar que la mayoría de las partículas circulen el aire y al hecho de que el aire fresco se inserta continuamente en el flujo de aire. Algunas aerolíneas, como Qatar Airways, están implementando trajes de materiales peligrosos completos para la tripulación.

Las compañías también están obligando a los usuarios a usar máscaras faciales durante los vuelos, y los viajeros también pueden haberse puesto una máscara antes de abordar el avión. Aun así, las aerolíneas no pueden obligar a las personas a mantener máscaras en vuelo. También se pueden proporcionar desinfectantes o toallitas a bordo, y las aerolíneas han intensificado los esfuerzos de limpieza entre vuelos para baños, mesas de bandejas y asientos. Boeing está considerando usar luz ultravioleta para desinfectar el avión entre vuelos y recubrimientos antimicrobianos para superficies que se tocan con frecuencia.

Incluso si se demuestra su éxito, todas estas nuevas iniciativas tomarán tiempo para desplegarse dentro de las flotas existentes. Por otro lado, una vez que están empleados, estos programas podrían hacer que volar sea más saludable que nunca, ya que protegerían no solo contra COVID-19, sino también otras enfermedades contagiosas. Las aerolíneas también han estudiado nuevos procedimientos de embarque y desembarque para minimizar el contacto, y algunos están dispuestos a dejar los asientos vacíos y limitar el número de pasajeros en los vuelos.

Pero los estudios han demostrado que una enfermedad infecciosa que se propaga principalmente de persona a persona a través de gotitas expulsadas durante el habla, la tos y los estornudos puede viajar con facilidad dentro de un espacio confinado. Un estudio mostró que el SARS podría haberse propagado dentro de un avión. Otros mostraron cómo los pacientes con coronavirus transmitieron la enfermedad a otros en restaurantes y durante la práctica del coro, a pesar de pasar solo unas pocas horas juntos.

El Journal señala que no hay datos que muestren que la transmisión entre los pasajeros del avión haya causado un brote importante, aunque existe evidencia anecdótica que muestra que los viajeros pueden haber propagado COVID-19 a los miembros de la tripulación, o que los pilotos infectaron a otros pilotos antes o durante los vuelos. Pero el riesgo sigue ahí.

“Nunca será perfecto sin importar lo que hagamos”, dijo el jefe ejecutivo de Southwest, Gary Kelly, al periódico. “Pero creo que dadas las circunstancias, está muy bien hecho”.

Chris Smith comenzó a escribir sobre gadgets como un pasatiempo, y antes de darse cuenta estaba compartiendo sus puntos de vista sobre temas tecnológicos con lectores de todo el mundo. Cada vez que no escribe sobre aparatos, lamentablemente no se mantiene alejado de ellos, aunque lo intenta desesperadamente. Pero eso no es necesariamente algo malo.